En ese entorno nace la obra. En noviembre de 1984, se estrenaba entre las páginas del número 51 de la popular revista semanal Shonen Jump un nuevo manga de Akira Toriyama. Este nuevo manga vendría a llamarse Dragon Ball y, en principio, no sería más que una historia sin pretensiones, acorde con el corte comercial de la revista en la que tenía lugar su publicación. Toriyama nos proponía seguir las aventuras de un joven interesado por las artes marciales: Goku, un niño huérfano con cola de mono que no teme enfrentarse a cualquier malhechor que se cruce en su camino, y que emprende un fascinante viaje en busca de unas misteriosas bolas de dragón de las que se dice que una vez reunidas te conceden cualquier deseo que pidas...

Su aparición en la revista no tardaría en despertar con agrado la atención de un buen número de lectores, lo que le abriría las puer tas del éxito. Su temática y, en definitiva, su esencia, convenció desde el principio tanto a los veteranos seguidores del autor, la mayoría de ellos fieles lectores de Doctor Slump, como a los nuevos aficionados que empezaban a conocer y consumir manga y anime en ese justo momento, para los que Akira Toriyama se presentaba a través de las aventuras de Goku. De este modo y dada la excelente acogida de este nuevo manga, la revista Shonen Jump fue testigo de cómo semana tras semana sus consumidores potenciales demandaban y esperaban con impaciencia la aparición de más y más material sobre Dragon Ball. Todo ello con una fuerza poco vista con anterioridad. Por supuesto que

Dragon Ball no fue el primer gran boom del manganime japonés. Clásicos como Mazinger Z de Go Nagai, o Tetsuwan Atorn (Astro Boy) de Osamu Tezuka ya habian probado las mieles del éxito, siendo éstos los nombres de algunos de los protagonistas de los primeros fenómenos de masas que se dieron en el mundillo, al menos en Japón. Pero lo que la historia de Toriyama conseguiría, como ninguna hasta la fecha, y sin necesidad de hacer alusión a sus datos de ventas, que obviamente también fueron descomunales y que conoceremos detenidamente, fue dar un grito de guerra, un grito unísono de revolución al que con una velocidad récord se sumarían millones de fans de distintos países, explotando así el mayor y más duradero fenomeno fan dentro del manganime de los años 80 y 90, momento éste en el que, a pesar de la gran competencia y rivalidad que existía entre distintas series y autores que crecía diariamente, Dragon Ball salió ilesa de la apurada batalla comercial que supuso el hundimiento y el cierre de muchas obras que se publicaban por las mismas fechas.



Hablar del manga de Dragon Ball es hablar de obra realmente extensa, que se publicó desde noviembre de 1984 hasta junio de 1995 superando todas las expectativas de éxito de su autor y habiendo éste agotado literalmente todas sus fuerzas en su elaboración. Un manga apasionante que cosecharía un gran éxito a su paso, no sólo en
Japón, sino en la práctica totalidad del orbe, convirtiéndose en una auténtica gallina de los huevos de oro. La mejor prueba de todo esto es su longevidad pues, desde la publicación en Japón en septiembre de 1985 del primer volumen recopilatorio, llamado en Japón Tankôbon, con todo el material publicado hasta esa fecha en Shonen Jump, acabaría alcanzando la friolera de 42 tomos publicados (de unas 180 páginas cada uno), reuniendo así los diez años de trabajo para la archiconocida revista manga.

460 semanas de vida que el autor dedicó prácticamente por completo a dibujar esta historia, llegando a abandonar y a descuidar bastante el resto de cosas en su vida, como a su família y demás aficiones. Las peculiaridades de esta obra, que son muchas y patentes, convierten el manga de
Dragon Ball en una muestra inmejorable de lo que es la producción y el sello de fábrica de Akira Toriyama. El dibujo y el planteamiento artístico en general aprueban con sobresaliente. La galería de personajes constituye un gran atractivo visual dada su variedad y su originilidad. La movilidad de cada una de las criaturas diseñadas que aparecen en las viñetas muestra una inusual y elaborada personalidad, por muy breve que sea su participación en la trama principal. Destacan los diseños de las distintas prendas de vestir que utilizan y que constantemente cambian, diseñadas con gran detalle y originalidad, algo que, de no ser por la extrema minuciosidad del trabajo del autor, dificultaría bastante la identificación de cada personaje, cosa que no ocurre.

Habitualmente, en el manga y el anime, algo que caracteriza a sus personajes es el llevar siempre la misma vestimenta. En
Dragon Ball los personajes pueden cambiar de aspecto cuanto quieran, de hecho lo hacen constantemente. Pero siempre son los mismos, sus definidas personalidades harán que su identificación no sea difícil. Los diseños de maquinarias y vehículos son sencillamente soberbios. Con sólo echar un simple vistazo al extenso repertorio de robots, aviones, motocicletas o coches, no cuesta nada, dado su aspecto, imaginarlos en funcionamiento en el mundo real. Realmente buenos. En esto se refleja el cariño de Toriyama por las maquetas y su gran afición al motor.


Otro de los sellos de fábrica de la serie (además de las polémicas escenas de violencia o desnudos de las que hablaré mas tarde) lo constituyeron sus localizaciones.
Toriyama creó una infinidad de parajes realmente dispares que caracterizaron la ambientación del universo de Dragon Ball: sus ciudades, las montañas, el cielo, el desierto, el más allá, el planeta Namek... Muchos y distintos lugares són los que se reconocerán a lo largo de la historia, todos ellos únicos. Su estilo narrativo es bastante ecléctico: hay tramos de la historia en los que pueden transcurrir cicno capítulos sin una sola broma para, de repente, pasar al extremo contrario.

Su estilo visual, aunque uniforme, es coherente con esto, por lo que podemos pasar de lo caricaturesco en algunos momentos a autenticas ilustraciones de lujo que ocupan varias páginas en otros. En este sentido, són realmente curiosas y típicas del autor las deformaciones que a veces sufren los vehículos, achatándolos y dándoles un aspecto totalmente ovalados, sin que por ello pierdan una imagen realista. Las portadas de los tomos ilustran algún momento de la historia a todo color. Muchas són verdaderamente hermosas y están creadas con una dedicación concienzuda más que evidente. En el libro conmemorativo de la exposición nacional japonesa
Akira Toriyama Exhibition, el mangaka explica su trabajo en el manga visto desde el plano de abstraccción. Toriyama considera que el dibujo que utiliza en sus trabajos se acerca mucho más al mundo surrealista que al del dibujo realista convencional. Utiliza una comparación interesante sobre la forma de dibujar los ojos de los personajes: en algunos momentos, Toriyama dibuja una mirada expresiva sin necesidad de utilizar complicados recursos artísticos, simplificando el dibujo del ojo en un solo punto y constituyendo un acabado de lo más peculiar. También encontraremos personajes cuyos ojos se encuentran directamente en contacto con las cejas, cosa menos que imposible en la realidad, pero que, sin embargo, en sus dibujos lucen fenomenal.

En
Dragon Ball, el extenso repertorio de personajes está lleno de originalidad, fantasía y diversión, los cuales crean un entorno fabuloso por el que transcurren los sucesos de la trama. Paradójicamente, el diseño del mundo Dragon Ball está inspirado en el mundo real, y en él, si miramos con detenimiento, podemos encontrar guiños a famosas marcas de ropa, coches, motos, tribus urbanas, colectivos sociales... Con todo esto, podríamos decir que Dragon Ball es, sobre todo en la primera parte, una historia de húmor con muchísima acción, pero sin dejar a un lado la humanidad y la ternura. Como en toda obra de Toriyama, en Dragon Ball se refleja una clidad humana muy importante, sus personajes luchan, sí, pero siempre lo hacen por defender la Tierra contra el mal, por el bien de todos los que viven en ella, y en la historia se alternan las risas con todo tipo de emociones y sentimientos rofundos, y valores universales como el amor, la amistad y la solidaridad están a la orden del día.



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