Dragon Ball fue, es y todo indica que seguirá siendo una serie popular de éxito. ¿Por qué? ¿Qué tiene que no tengan otros cientos de series con las que comparte infinidad de tópicos? ¿Qué la hace distinta? ¿Y por qué sigue siendo un fenómeno de masas en todo el mundo con tantos años a sus espaldas? Las modas, los caprichos del público y/o del mercado y todos esos factores aparentemente casuales que suelen esgrimirse contra cualquier boom pasajero podrían haberse dado en dos o tres países a lo sumo, pero no a lo largo y ancho de todos los continentes, excepto África). La casualidad poco tiene que ver con todo esto. Para asimilar y entender la génesis de este fenómeno vivo que sigue siendo Dragon Ball, debemos conocer las circunstancias que rodearon su nacimiento, así como su trayectoria más temprana. Nos situamos al final de la era Showa (1945-1989), en un momento en el que el Partido Liberal Democrático se desgarra por las disensiones internas y los escándalos de corrupción tras varias décadas en el poder.



Además, el gobierno se ve obligado a enfrentarse a problemas como la congestión urbana, la contaminación ambiental y la improductividad de la agricultura, a pesar de todo lo cual, la economía nipona seguía brillando en el panorama internacional al tener la mayor tasa de crecimiento y la menor inflación de todas las naciones industrializadas del mundo. Justo a mediados de los 80, que es el momento que nos interesa, la fuerza del yen frente al dólar era incuestionable. En medio de todo esto, contemplamos el vertiginoso crecimiento de un mercado fuertemente afianzado en la cultura más moderna y exportable del país: la del manga (cómic) y el anime (animación). Por esas fechas, ya existía una multitud de publicaciones editoriales y estudios de animación que se dedicaban a dar vida a proyectos de jóvenes (además de afortunados) artistas de gran talento, inmersos en la creación de estas dos formas de arte tan íntimamente ligadas tras varias décadas de desarrollo y evolución conjunta. El manganime (término que engloba las dos facetas) ya ocupaba en ese momento un importante lugar en el movimiento de la economía nipona, y constituía toda una industria en sí mismo.



La creciente popularidad de este tipo de entretenimiento se hace cada vez más visible, sobre todo en las principales ciudades de Japón, donde peculiares imágenes (las de los personajes de las series que gozan de éxito en ese momento) acompañan en la vida cotidiana a sus ciudadanos: en sus casas al ver la televisión, en las calles, acompañados por un paisaje repleto de pósters con publicidad que se encuentran en todas las esquinas, o en las principales líneas de metro, donde se pueden ojear ejemplares gratuitos de muchas de las revistas que apuestan entre sus páginas por la publicación del manga de algún artista, creando un ambiente en el que se convive de forma natural con el despliegue de estos medios.



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