Marca la tradición, que todo manga de éxito debe tener una versión homónima en anime, o sea, en forma de serie de televisión, ova o película animada. Y en el mejor de los casos, en todos esos formatos. Obviamente, el despliegue de medios dedicados al desarrollo y la creación de esas producciones es siempre proporcional a la demanda previa del producto y, en el caso de Dragon Ball, ya había quedado demostrada su eficacia comercial en el cómic.

Su paso al anime tuvo lugar en el seno de uno de los más importantes y cotizados estudios de animación japonés: Toei Animation. El anime conforma una trilogía perfectamente estructurada y diferenciada (Dragon Ball, Dragon Ball Z y Dragon Ball GT) que supera los quinientos episodios en total, convirtiéndose en un fenómeno de masas a nivel internacional y generando más de tres mil millones de euros en merchandising junto con las películas y especiales de televisión. El primer episodio de Dragon Ball fue emitido por primera vez en la televisión japonesa el 26 de frebrero de 1986, encendiendo así la mecha de lo que se convertiría en una auténtica "dragonmanía" televisiva. La serie se emitiría todos los miércoles a las siete de la tarde en el piopular canal japonés Fuji Televisión, cuna de populares series de anime, especialmente las creadas por Toei Animation.

En el momento de su estreno, el manga tan sólo llevaba cincuenta capítulos publicados (justo en medio del primero de los torneos de artes marciales que presenciaremos a lo largo de la serie, el vigésimo primer Tenkaichi Budokai). Esta proximidad cronológica entre el manga y el anime se convertiría a corto plazo en el principal problema al que se enfrentaría la serie en todos sus años de existéncia, pues resultaba casi imposible que ambas versiones siguieran el mismo ritmo (lógicamente, la elaboración del manga era mucho más lenta); fue así como se vieron obligados a crear capítulos de "relleno", exclusivos para la versión televisiva, a fin de que el autor del manga tuviese tiempo suficiente para continuar la historia.

Esas historias postizas pasaron a ocupar medio capítulo en algunos momentos -ralentizando el ritmo de la trama principal que se desarrolla en el manga- a ocupar arcos argumentales completos que no siempre fueron del todo satisfactorios ni muy coherentes con el resto del guión. Se creaban en momentos en los que realmente no había nada nuevo que contar, ya que Toriyama y su equipo de colaboradores, por muy rápido que trabajaran, aún no habían dispuesto del tiempo necesario para elaborar el guión, ni siquiera para el manga, pues era físicamente imposible exigirles una mayor celeridad en su trabajo.

Esta parte de la serie, conocida simplemente como Dragon Ball, se mantuvo en antena hasta 1989 y alcanzó la nada despreciable cifra de 153 episodios emitidos. También es la que se considera popularmente como la más fresca, divertida y menos cansina de la versión animada de Dragon Ball, abarcando hasta el capítulo 194 del manga.

El 26 de abril de 1989 se estrenaba con el sufijo Z la continuación del anime, retomando la historia del manga desde su capítulo 195, situado cronológicamente cinco años después del anterior.

Esta parte del anime alcanzó nada más y nada menos que 291 episodios y ocupó la historia que resta del manga hasta su final, en el capítulo 519. Aunque en algunos momentos la ralentización de las tramas provocadas por los episodios de relleno fue desesperante, lo cierto es que ésta fue la parte que más éxito obtuvo en las televisiones de todo el mundo, además de ser la que más merchandising generó y sigue generando.

Finalmente, en el año 1995, y tras habérselo pensado mucho, Akira Toriyama concluía la historia de Dragon Ball en el manga, concretamente en el número 25 de Shonen Jump de aquel año, en apariencia un ejemplar como otro cualquiera de los 52 que aparecían anualmente con su cotidiana ración de Dragon Ball. Lo que marcó ese número frente a todos los demás fue que supuso el fin de una década gloriosa para el mundo del manga y el anime, una década entre cuyos protagonistas figuró como rey indiscutible Dragon Ball.
En ese inolvidable número de la revista, Akira Toriyama explicaba a sus seguidores su agotamiento y su incapacidada para seguir haciendo que la historia continuase con un desarrollo coherente. De paso, daba las gracias a todos los que fielmente habían seguido su trabajo durante los diez años de su publicación.

Los fans de Dragon Ball no terminaban de creer que todo había acabado, que esa serie y esos personajes a los que habían seguido durante una década dejarían de convivir con ellos, que su cita semanal ante las páginas de la revista o ante el televisor (los episodios desaparecerían de la pequeña pantalla seis meses después) no se repetiría nunca más y que, en definitiva, la enorme aventura de nuestros héroes había llegado a su fin.

No sólo los fans sufrieron con la despedida de Goku y compañía; Shonen Jump entró en estado crítico al contemplar impotente cómo sus ventas se reducían drásticamente de seis a cuatro millones de ejemplares por semana, justo cuando dejaba de ofrecer contenidos relacionados con Dragon Ball. Este último dato, fue, principalmente, el responsable de que se decidiera seguir la historia, al menos en televisión.

En octubre de 1995 aparecía de nuevo información sobre Dragon Ball en la famosa revista, revelando en sus páginas una notícia impactante que se convertiría en la más maravillosa del mundo para algunos y en la más desagradable para otros: para cuando se cumpliesen nueve meses del final de Dragon Ball Z, estaría lista una continuación. Estas palabras causaron un revuelo en el fandom como en pocas ocasiones se había visto: las cartas de los seguidores colapsaron los medios, tanto televisivos como editoriales. De nuevo la popularidad de la serie subía como la espuma y, claro está, las ventas de Shonen Jump y de la revista japonesa de videojuegos V-Jump, en la que también se ofrecía información sobre la nueva serie.

En las páginas dedicadas a los avances de series de televisión, aparecían unos bocetos con imágenes de la que se convertiría, en poco tiempo, en la nueva serie de televisión de Dragon Ball.

Estas enigmáticas ilustraciones (algunas creadas por el mismo Akira Toriyama y otras realizadas por el estudio de animación Bird Studio), mostraban a unos personajes ligeramente rediseñados: Goku, que volvía a ser pequeño, Trunks y Pan, la hija de Son Gohan y Videl. Además, esos bocetos estaban acompañados por un esperanzador texto que confirmaba el regreso oficial de nuestros personajes favoritos, insistiendo en la absoluta oficialidad de las ilustraciones mostradas en exclusiva y aclarando que el proyecto se convertiría en una nueva serie de televisión sin versión paralela en manga. Posteriormente, la información se fue ofreciendo con cuentagotas, una técnica infalible para tener en vilo a los lectores y exprimir sus bolsillos con cada número de la revista.

Poco a poco se fue sabiendo que la serie estaría desarrollada por el Bird Studio, creado por el propio Toriyama y formado por su equipo de colaboradores, siendo éste uno de los datos más esperanzadores para los fans. Además, estaría apadrinada por Shueshia, y en su producción seguiría apareciendo el nombre de Toei Animation, dos grandes empresas con grandes expectativas que trabajaban conjuntamente por dar vida a un ambicioso y delicado proyecto anime. Al final, aunque se mantuvo por un tiempo en secreto, se acabó confesando explícitamente que Akira Toriyama no estaría vinculado personalmente con el proyecto, aunque sí crearía algunos interesantes bocetos e ilustraciones que orientarían el rumbo de la nueva serie. Para paliar esta decepcionante ausencia, se insistió mucho en la participación de sus mejores colaboradores, integrantes del mecnionado Bird Studio, pero también se distribuyeron en distintas publicaciones y en forma de póster algunas de las ilustraciones creadas por el propio Toriyama, convirtiéndose éstas en el primer escaparate de la serie.

Finalmente, y con los motores promocionales a máxima poténcia (el despliegue de medios de todas las compañías involucradas fue espectacular), se estrenaba el primer episodio de la continuación oficial del anime de Dragon Ball un miércoles siete de frebrero de 1996 a las siete de la tarde.

El nuevo diseño de los personajes, tan prometedor en las primeras ilustraciones oficiales, terminó desvirtuando por completo el familiar aspecto de los protagonistas en las series anteriores, aniquilando así gran parte del mundo visual creado en ellas. También quedó demostrado que los guionistas contratados por Toei se encontraban totalmente sin inspiración y no eran capaces de tener una condenada buena idea hasta ya muy avanzados de la temporada. Y es que al menos los veinte primeros episodios pueden considerarse un auténtico insulto hacia los fans de la serie original. Posteriormente, la cosa mejoraba bastante, llegando incluso a un tramo final (la saga de los dragones) donde el diseño de los enemigos llega a resultar bastante atractivo.

Hay un gran sector de opinión para el que esta continuación resultó bastante correcta, pero la mayor parte de los seguidores de toda la vida empezó a perder interés y devoción. Nació así una oleada de detractores que no estaban dispuestos a perdonar lo que para ellos constituía el mayor atentado perpetrado contra un anime ya clásico.

La decisión de crear una continuación únicamente animada tras la finalización de Dragon Ball Z fue, quizás, el error que más duramente ha pagado el nombre de la serie, y, cómo no, los fans. Mientras los animes de Dragon Ball y Dragon Ball Z, a pesar de su inflado número de episodios de relleno, seguían una trama previamente dictada por el manga original y fiel al espíritu de éste, Dragon Ball GT no tuvo más remedio que reinventarse a sí mísma dada la firme negativa de Toriyama a continuar con el manga. El abismo que media entre las historias de Toriyama y las de los guionistas de Toei es insalvable.

A pesar de todos estos inconvenientes artísticos, la serie cosechó un gran éxito, manteniéndose bastante tiempo en los primeros puestos de audiéncia y, aunque nunca consiguió el apoyo popular de las anteriores partes del anime, al menos tuvo mérito de codearse en las listas de éxitos japonesas con series consagradas del calibre de Doraemon o Shin Chan.

En definitiva, todas las etapas de la serie llegaron a convertirse rápidamente en número uno en televisiones en multitud de países, no sólo Japón; Francia, Argentina, España y, sobre todo su principal baza en la exportación, Estados Unidos, con ejemplos claros. En este último caso llegó a sumarse sin problemas a la lista de series que componían el Top 10 de popularidad. Su trayectoría en este país, dadas sus increíbles peculiaridades y complejidad, será tratada más adelante en un apartado propio.



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